Cuando caminamos entre los árboles en un parque o un bosque,
podemos llegar a sentir la energía que desprenden. Los celtas creían que cada
árbol poseía un espíritu sabio y que sus rostros podían verse en la
corteza de sus troncos y sus voces escucharse en el sonido de las hojas
moviéndose con el viento. Los árboles nos ayudan a establecer contacto con el
poder de la naturaleza, nos dan herramientas para sanarnos, relajarnos,
fortalecernos, cargarnos de energía vital y son portadores de los mensajes de
la madre Tierra.
