El arte de ser madre no se enseña en los colegios, no se hereda ni se aprende en los libros. Se siente, nace y aparece como una coraza que te embiste y te da tantas fuerzas, que nunca habías creído que poseías en tu interior.
Ser padre, ser abuelo, abuela, tío o tía es también descubrir de pronto cómo una parte de nuestra esencia cobra forma y conquista nuestro corazón. Es maravilloso. No obstante, el simple acto de dar a luz a una criatura establece un vínculo quizá más fuerte, más rotundo a la vez que íntimo entre la madre y el hijo.
Cuando la mujer sostiene a su hijo en brazos establece en ocasiones pequeños pactos entre su niño y ella. En voz baja, y casi entre susurros, promete hacer lo posible por convertirlo en una persona feliz, por protegerlo de todo mal, y apoyarlo cada día de su vida en cada decisión que tome.
